Desde el litoral del PRM, un partido que ya no supera el 30% de simpatías, el oficialismo despliega su única carta real para permanecer en el poder: dividir a la oposición.
Sus dos tácticas principales son claras:
Buscar una alianza electoral con el PLD.
Frenar a toda costa el ascenso de Leonel Fernández y Omar Fernández, los dos únicos candidatos presidenciales que hoy lideran todas las proyecciones y se perfilan como favoritos absolutos para 2028.
Con ese propósito, el PRM y sectores del PLD han montado una campaña sistemática destinada a enfrentar a Leonel contra Omar y provocar una guerra interna en la Fuerza del Pueblo.
Es previsible: el partido en el poder cuenta con los recursos del Estado y la “grasa” necesaria para pagar activistas a tiempo completo dedicados a torpedear cualquier esfuerzo de unidad opositora.
Algunos adláteres de Leonel presionan por proclamarlo candidato de inmediato.
Colaboradores de Omar hacen lo propio, argumentan su enorme popularidad y bajísima tasa de rechazo.
Ambas opciones serían errores fatales que políticos experimentados no pueden permitirse.
La Fuerza del Pueblo posee una sola, pero poderosa ventaja frente a los recursos del Estado y del PLD: el tiempo.
Leonel y Omar ya son favoritos indiscutibles.
Cualquiera de los dos le daría “gavela” a cualquier candidato adversario (Collado, Carolina, Gonzalo, Francisco Javier o Abel). Ninguno de ellos representa una amenaza real.
La astucia, la sabiduría y la perspicacia política dictan una sola conducta: reservar hasta el último instante la proclamación del candidato presidencial.
Si la Fuerza del Pueblo actúa con inteligencia, paciencia y prudencia, será en octubre de 2027 cuando el país lo sepa.
O Leonel Fernández es ratificado… o, en un acto histórico en el Palacio de los Deportes, el propio ex presidente declinará ante la Asamblea Nacional de la FP y, en directo por televisión y redes sociales, se proclamará como candidato y probable próximo presidente a Omar “El Cachorro” Fernández.
Esa es la estrategia ganadora.
No pelear en el terreno que el enemigo elige, sino obligarlo a combatir donde la FP domina: en el terreno del tiempo, la unidad y la paciencia estratégica.





